La otra literatura universal
1ro de abril de 2009 por Johano Negrete
Nunca, nunca me cansaré de repetir que aprender la lengua internacional Esperanto (Eo) es un “negocio intelectual” rentable, aunque sólo sea (con mucho menos esfuerzo que en otras lenguas nacionales) para tener acceso y apropiarse de una apasionante literatura original con el sello distintivo de ser un literatura internacional (literatura universalis, si se lo prefiere así). El Eo simboliza también una literatura de todos los países, un río grande donde confluyen todas las culturas literarias. Al genuino gozador de la prosa y poesía y, por tanto, al pensador, aún en estos tiempos de la imagen sin conceptos, yo lo invito a curiosear en este campo intercultural de la Bellas Letras por medio de la lectura solitaria.
¿Solitaria? No parece. Nuestra vida lectoral recorre espacios y tiempos grandes cuando avanzamos por las líneas de un interesante texto, y están poblados de seres fantásticos. Decía J. L. Borges, ya ciego, que no podía concebir un mundo sin los libros. Quizás se debe a que a él le tocó construir una literatura sobre la literatura. O sea, una meta-literatura y por eso es tan deslumbrante.
De ahí que hoy me proponga convocar al profesional de la literatura, y señalarle un camino muy posible, para que se anime a aprender la lengua Eo, y con ella apropiarse de esos tesoros que le aguardan en los cuatro puntos cardinales o más bien cerca de las estrellas. Luego, podrá hacerse un comentarista, un crítico y ensayista, no importa que escriba en la propia lengua nacional o en Eo. Pero siempre tendrá a la mano un escenario literario intercultural, internacional, neutral, otra fuente de experiencias literarias y encuentros directos para sus tesis, trabajos de ascensos y publicaciones.
Porque una literatura en la que puedo leer el alma de autores japoneses entonando sus haikas, como los del círculo de Osaka, o el humor francés de N. Schwartz, o la fina joyería poética del húngaro K. Kalocsay, el mayor clásico de las letras esperantas, o el destino humano pensado y profetizado en la poesía y prosa del escocés W. Auld y de la no menos exquisita inglesa Marjorie Boulton, o en la que puedo leer novelas de ciencia ficción, policiales o históricas de ambientes celta y romano -La Ŝtona Urbo (La Ciudad de Piedra ) de la inglesa Löwenstein- o los sonetos eróticos del brasileño Geraldo Mattos, pero literatura cuyos autores son de diversos países y, a la vez, formando una misma cultura literaria, esto no deja de ser una sorprendente aventura intelectual o un inédito experimento literario de la historia humana...
En efecto, poner en comunidad a toda esta variada gente, sin ningún traductor de por medio, sin manos ajenas metidas en la masa para hacernos una pasta más asequible a nuestro paladar nacional, eso es enteramente nuevo en la historia de la cultura. ¿Una “literatura globalizada” sin traductores? Mejor sería pensar que representa otro Parnaso literario, distinto, que no es ni étnico, ni nacional, ni siquiera transnacional, como ocurre con las lenguas extendidas, sino un Parnaso internacional (ya no sé si neutral), una literatura del “pueblo” esperantista, y de una cultura que, por comparación con la de una nación, me inclino a verla como la de una internación.!Eso sí luce como un modelo aceptable de integración igualitaria, en vez de la globalización entendida vulgarmente como una “macdonalización”!
